EL PRODUCTOR ORGÁNICO QUE APUESTA POR LA STEVIA

Julio Camaño tiene su propia marca de la hierba que cultiva sin agroquímicos en Concepción del Uruguay. El endulzante natural, que además es antioxidante, baja la presión antimicótica, anticaries, hipotensora, diurética y digestiva.

Por Lorena López / Fotos Jazmín Arellano
Cinco o seis hojas van bien para un termo con agua para mate. Es que la hoja seca de stevia tiene un poder endulzante entre 20 y 30 veces mayor que el azúcar, y hasta 200 veces más cuando es en polvo o líquida. Y todo eso, con las ventajas de que no aporta calorías ni aumenta la cantidad de glucosa en sangre, por lo que puede ser consumida por personas diabéticas. Además, es fuente de hierro, manganeso y cobalto. Es antioxidante, antimicótica, anticaries, hipotensora, vasodilatadora, diurética y digestiva. Y no contiene cafeína.
La Stevia es una planta originaria de la selva paraguaya y muy utilizada desde siempre por los guaraníes, que la bautizaron como Ka’a He’e, es decir, hierba dulce (se pronuncia con un tono nasal, como apretándose la nariz, y diciendo “Caa-jee”). Todas estas cualidades, que se traducen en la posibilidad de un interesante negocio, sedujeron en 2001 a Julio Camaño, cuando decidió comenzar con el cultivo en Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Sin embargo, la primera incursión no dio buenos resultados, ya que los plantines se murieron “por propia inexperiencia”, explica.
Finalmente, después de ensayo y error, en 2004 Julio comenzó a producir con más éxito. “Creo que la stevia tiene un gran potencial por sus beneficios para la salud, pensando especialmente en los millones de personas que no pueden consumir azúcar ni edulcorantes sintéticos, tan cuestionados en la actualidad y que además no tienen buen sabor”, resume Camano, que en sus inicios pertenecía a la hoy disuelta Cooperativa Entrerriana de Productores Organicos y Stevia (Cepos), que aglutinaba a 70 productores de los cuales hoy quedan 25.
Una hectárea de producción orgánica puede ser altamente rentable, pues con una inversión inicial de 100 mil pesos entre plantines, agua y mano de obra, se puede obtener una rentabilidad de 60 mil. Las cifras son las siguientes: en un planteo orgánico, se cuentan 40.000 plantas por hectárea, que dan 100 gramos de hoja seca por año.
Sin agroquímicos
¿Ahora bien por que hacer un cultivo orgánico? “Hay empresas que ya están demandando grandes cantidades para sus productos y nosotros, con sólo una hectárea, no tenemos la posibilidad de ofrecer esa producción. Por lo tanto no podemos competir en cantidad”, cuenta Camano. “Entonces decidimos hacer un planteo orgánico certificado y posicionarnos de otra manera”.
Esto implica, además, lograr valores muy diferentes, ya que el precio de hoja seca de producción convencional ronda los 1,8 a 2 dólares, mientras la orgánica asciende a los 9 dólares. En cuanto a la forma de trabajo, hacer orgánico significa tener 40.000 plantas por hectárea en vez de 60.000, e invertir en mano de obra.
“Si el cultivo de la stevia se realiza en lugares que no son su hábitat natural necesitará riego, ya que la planta es de zona tropical húmeda con precipitaciones que rondan los 1.200 milímetros anuales”, explica el ingeniero agrónomo Esteban Mazzuco. Los cortes se realizan a 5 centímetros del suelo, cuando la planta se encuentra en el final del periodo vegetativo o comienzo del reproductivo (5-10 % de floración) y, en el caso de tener distintas variedades, se las selecciona por sus diferentes composiciones de esteviosidos y rebaudiosidos, que son sus principios activos relacionados con el dulzor.
La stevia es una planta perenne que en buena producción dura unos 6 años; en invierno desaparece la parte aérea mientras que las raíces quedan vivas gracias a las cuales rebrota la temporada siguiente. Su gran ventaja consiste en que no suele ser afectada por plagas y que crece sin inconvenientes. En Argentina, la mayoría de los cultivos provienen de las variedades llamadas Criolla y Morita.
“Aquí tenemos dos tipos de planta: las de plantines que hemos comprado en viveros de la zona y otras que sacamos de las plantas que ya teníamos”. Ocurre que como la stevia echa grandes raíces, es posible obtener nuevas plantas de rizomas, con la ventaja de que crecen más rápido y con más fuerza que los plantines, que necesitan más tiempo para fortalecerse.
Por su fácil cultivo, la stevia se puede tener en el jardín y hasta en el balcón. Sólo hay que recordar que necesita riego y no soporta las bajas temperaturas. Para mayor seguridad, es mejor plantarla en un sustrato orgánico y de buena calidad, que se compra en viveros, al igual que los plantines.
Cómo se la seca
Miden 80 centímetros y rinden tres cosechas por temporada, entre septiembre y marzo. Tanto la siembra como la cosecha, se hacen a mano. “Se la corta a la mañana y se la deja hasta la tarde; al otro día se la coloca en la cama de secado al sol y ya queda seca. No hay que secar en días de alta humedad porque queda negra y, aunque mantiene sus propiedades y su sabor, la hoja pierda su buen aspecto”, advierte.
Camaño fue aprendiendo también en el aceitado del canal del venta: de vender a granel a las herboristerias, pasó a diseñar su propia línea de tés llamada T-Vía donde se destacan el té verde y la yerba mate endulzados, y los sobres con hojas de stevia molida. “La idea de tener mi propia marca surgió para utilizar el tiempo ocioso entre abril y agosto, donde no tengo cosecha y también darle un valor agregado al producto”. Para eso se cargo al hombro la tarea de meter a la hoja de stevia en el Codigo Alimentario Argentino que hasta su gestión no estaba incluida”.
En Japón se consume stevia desde hace décadas –que se produce en China- y en Estados Unidos hace ya varios años que está aceptada, sin embargo en la Argentina su difusión es muy incipiente. “Hay que hacer una campana de difusión para informar acerca de las bondades de este producto, porque en general la gente no lo conoce”, explica Camano. “A mi me pasa que cuando le hablo a alguien de stevia. Esa persona se queda pensando hasta que me pregunta, “¿y eso que es?”.